Llevaba queriendo escribir sobre este tema desde la primera participación de José Luis Pérez en Ahívanbolos a propósito de la reestructuración de las ligas.
Los debates sobre bolos siempre me han entretenido no por su contenido (que también) sino por las formas de sus contertulios. Son una representación viva y pura del paisanaje de nuestra tierra. De alguna forma, simbolizan que la llama de la vida en La Montaña y la identidad de sus gentes se mantiene, aunque perturbable, al paso del tiempo. Hasta que escuché a José Luis.
Entonces, como pocas veces antes, escuché a alguien expresarse con gran elegancia en su oratoria, con mucho respeto al resto de opiniones y con un argumentario que destacaba por encima de las formas del orador. Algo que me llamó mucho la atención.
Desde entonces, he seguido escuchando esta tertulia con atención siempre que ha participado. Y, casi por primera vez, me he fijado mucho en el qué decían y no tanto en el cómo se expresaban acerca de la reestructuración de las Ligas. Lo primero que me llamó la atención es que la principal oposición al cambio estaba en los dichosos 19 metros en «la Primera». El resto de cambios, prácticamente desaparecidos de la tertulia. ¿Tan importante es este cambio frente al resto?
Seguidamente, empecé a atender a los argumentos en oposición a este métrico cambio. Francamente, fue como volver a las cláses de Ética del Bachillerato. ¡No recordaba tantos tipos de falacias!
Continuos ataques de descrédito a quien opina diferente: «los saltimbanquis», «el idiota», «la gente que no es de bolos», tratando de restar valor a su postura atacando a la persona y no al argumento (falacia ad hominem). Argumentos de que un cambio así debería ser aceptado por las Peñas de Primera, como si los legales y legítimos representantes de los bolos, los Asambleístas, no pudieran participar de decisiones salvo del colegio al que representan, y otorgando a las anteriores una autoridad como carga de validez del argumento (falacia ad verecundiam). Además, poner en duda la adaptación de los jugadores por un salto en el tiro máximo de dos metros, quitándole valor por ser algo que no está demostrado (falacia ad ignorantium). Y así un largo etcétera…
En la línea opuesta, es un placer escuchar a José Luis manteniendo las formas (las propias y las de debate). Quedándose incluso fuera del mismo, sin dar su opinión personal (¿innecesariamente?). Defendiendo la legitimidad de la propuesta, ¡qué importante y qué difícil pasar esto por alto! ¿Qué es ser demócrata si no respetar las decisiones que uno no comparte tomadas por un Órgano representativo elegido libremente por el colectivo al que perteneces?
Mi opinión, en esta línea, es que deberíamos centrar el debate en argumentar y no en cuestionar. Así ganarían fuerza todas las propuestas, podríamos comparar objetivamente los pros y contras de cada postura y, sobretodo, decidir en torno a la necesidad y criterio deportivo. Por un debate con 19 argumentos al tiro.
